miércoles, 9 de agosto de 2017

Yo también soy rifeño

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Nací en el Rif, en Melilla, hace casi setenta años. En mi infancia mamé el racismo. Me enseñaron que éramos diferentes, que unos éramos los superiores, los vencedores, los dominadores, los españoles, y los otros eran los inferiores, los perdedores, los dominados, los moros. Naturalmente era un racismo basado en el idioma y la cultura, porque no hay diferencias en el color de la piel. La diversidad de rasgos faciales, rubios y morenos, pelos lacios y crespos, es la misma entre los rifeños que entre los andaluces. ¿Cómo íbamos a ser diferentes si somos los mismos?

Mar-de-AlboranEl Mar de Alboran nos separa y nos une. Vistos desde las capitales imperiales, Roma, Bizancio o Estambul, somos los que estamos allí al final, donde el sol se pone y el mundo se acaba. A un lado la provincia romana de la Tingitania, con capital en Tánger. Al otro la provincia romana de la Bética, la del río Betis. A un lado el Rif, al otro Al Ándalus. Ambas orillas del Mar de Alborán fueron invadidas por los fenicios y los griegos y los cartagineses y los romanos y los vándalos y los bizantinos y los almorávides y almohades del Atlas y los castellanos y los franceses. Nuestros genes, salpimentados con los de nuestros invasores, han estado entremezclándose por siglos y milenios, saltando sobre el Estrecho de Gibraltar desde que aprendimos a navegar.

Mi padre luchó en la guerra del Rif. Siendo un alférez recién salido de la Academia de Infantería de Toledo, en 1922, fue enviado a luchar contra la República del Rif. Porque hubo una república independiente en el Rif que duró casi cinco años. Proclamada el 18 de septiembre de 1921 aguantó hasta el 27 de mayo de 1926. Tuvieron que unirse los ejércitos de Francia y España, con la complicidad de Alemania e Inglaterra, para vencerlos. En esa guerra murieron muchos soldados españoles, mozos de reemplazo, en su mayoría analfabetos, dirigidos por una oficialidad soberbia, corrupta y torpe. Por primera vez en la historia militar los aviones españoles regaron las aldeas y los campos con armas químicas: fosgeno, cloropicrina y gas mostaza; la incidencia del cáncer en el Rif sigue siendo la más alta de Marruecos noventa años después. La indignación y oposición de la sociedad española a la guerra del Rif provocó que en septiembre de 1923 el general Primo de Rivera diera un golpe de estado y España se convirtiera, otra vez, en una dictadura para poder continuar la guerra.  En mi colegio me contaron lo del desastre de Annual y la crueldad de las harkas rifeñas pero, curiosamente, en el colegio y en casa siempre se respetó la memoria de Abd el-Krim, el líder rifeño que presidió esa república y murió en el exilio en Egipto en 1963.

Los rifeños siempre han sido rebeldes. Entre el año 710 y el 1019 habían sido el Reino de Nekor, con capital en Tensaman, y se resistieron a las invasiones del emirato de Córdoba (s. X) y de la Taifa de Málaga (s. XI). Tras las oleadas de los Almorávides y los Almohades que unificaron el Magreb y Al Ándalus en un régimen islámico radical, recuperaron su siempre amenazada independencia sin llegar a someterse a las diversas dinastías de sultanes marroquíes. Formaban parte del bled es-siba, las tribus que, protegidas y aisladas por las cadenas de montañas del Atlas, aceptaban el papel religioso del sultán pero no su dominio político.

Tras la independencia de Marruecos en 1956 continuaron con su rebeldía. En octubre de 1958 se produjo la llamada Revuelta del Rif que duró cinco meses y fue sofocada mediante bombardeos indiscriminados con fósforo y napalm que provocaron de nuevo la muerte de miles de rifeños. Entre 1981 y 1984 se produjeron las llamadas “Revueltas del Pan” en todo Marruecos, pero que tuvieron especial incidencia en el Rif; la represión provocó decenas de muertos, especialmente en Al Hozaima y Nador.

El Rif sufre de la marginación y el abandono en los planes de desarrollo e inversión del gobierno de Rabat y está permanentemente sometido a una vigilancia y represión especialmente cruenta. Frecuentemente hay conatos de rebeldía locales a las que se responde con armas de fuego, como los estudiantes del liceo de Imzouren que murieron en enero de 1987. La primavera árabe de 2011 fue muy pacífica y autocontrolada en Marruecos, pero los únicos muertos civiles cayeron en Al Hozaima.

El 28 de octubre de 2016 la policía incautó el pescado que vendía ilegalmente un joven por las calles de Al Hozaima y lo tiró a un camión de basura. El joven Mouhcine Fikri subió al camión intentando recuperar su medio de vida, pero la maquinaria de compresión se puso en marcha y el joven murió aplastado, destrozado entre la basura, junto con su pescado. Aquello provocó una sublevación espontánea de la población, la hirak, que continúa hoy, se ha expandido por todo el Rif, ha provocado manifestaciones en Casablanca y Rabat y se está extendiendo por las ciudades europeas, Ámsterdam, Barcelona… Hay decenas de presos para los que se piden largas penas de cárcel. Hay denuncias de maltratos y torturas. Hay periodistas detenidos. Nasser Zefzafi, el portavoz más popular de la hirak fue detenido en mayo. Algunos líderes destacados han tenido que esconderse o huir. Las mujeres han pasado a ocupar los puestos de vanguardia en las movilizaciones. Y los ancianos.

A pesar de mis apellidos procedentes de los reinos de Castilla y Aragón yo también soy hoy rifeño, y no solo por haber nacido en el Rif, no solo por compartir genes e historia, sino sobre todo por compartir la indignación, el deseo de justicia, la lucha contra la corrupción, la desigualdad y la marginación social y económica. Y pido al gobierno de España y a las instituciones de la Unión Europea, que, en cumplimiento del artículo segundo del acuerdo de asociación Euromediterráneo firmado por Marruecos, demanden al gobierno de Rabat la libertad de los detenidos por razones políticas,  que se garantice el acceso a la justicia, que se garantice la libertad de expresión y un esfuerzo político y económico para integrar, de una vez y por todas, las justas reivindicaciones de todos los rifeños.

Juan Carlos Martínez Coll
Profesor titular de Economía Aplicada 
en la Universidad de Málaga

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